martes, 13 de marzo de 2007

¿Se le dara la misma cobertura cuando nos represente?

Da vergüenza ajena ver el acoso mediático al joven ajedrecista Emilio Córdova, después que decidiera quedarse en Brasil y 'vivir su vida'. Lamentablemente, un problema familiar entre el padre y una estrella del ajedrez, un genio a sus quince años, que incluso se impone en sudamericanos de categorías superiores, como lo hizo en Buenos Aires, se ventiló de esa manera. Nuestro campeón se mostró indignado y dijo que 'sólo faltaba que Laura Bozzo haga un talk show conmigo'. Razón no le faltaba, pero a sus escasos quince años, por más brillante que se muestre ante un tablero, por más que deslumbre ejercitando sus defensas inquebrantables o sus ataques mortíferos con las negras, no deja de ser un adolescente sin ninguna experiencia en la vida. Una cosa es una digna reina de tablero, a la que conoce desde púber, y otra una jugadoraza bailarina de cabaret, que piensa que se ganó la lotería con un muchacho que puede obtener cinco mil dólares 'moviendo esas graciosas piecitas en el tablero'. Pero no es el único genio que perdió la cabeza por una mujer. Mozart, el niño prodigio que deslumbraba a las cortes de Austria, 'perdía la cabeza' por las cortesanas y al final de su vida terminó arruinado, escribiendo obras maestras por centavos para que las firmaran otros farsantes. Basta mirar el ejemplo de Julio Granda, quien en el mejor momento de su carrera, abandonó todo y desapareció del mapa. Se enamoró locamente de la extraordinaria ajedrecista húngara Judith Polgár. Ese 'amor' le dio nuevos bríos a su carrera. La propia familia de Granda denunció su desaparición. Meses después reapareció en su chacra de Camaná, renunciando por completo al ajedrez. 'Voy a cultivar la tierra', anunció ante el asombro del país. Luego de un tiempo, silenciosamente regresó y empezó de abajo, realizando muy buenas campañas. El caso de Emilio nos da vergüenza porque ante sus triunfos, ninguna cámara de TV lo acompañaba, pero ahora lo siguen hasta Brasil. Él y su padre tienen que mendigar sponsors. Eso es indignante cuando en otros países los ajedrecistas de su nivel reciben una subvención que les permite seguir preparándose y viajar sin estrecheces a los torneos, con sus padres y un entrenador. Que todo ese escándalo sirva para algo bueno. Que la empresa privada lo apoye. Que sus padres se pongan de acuerdo para encaminar su carrera. Y que el muchacho comprenda que no está para quemar etapas. Las novias o amantes le llegarán en el momento indicado, ahora debe volver de lleno al ajedrez, que no sólo le permitirá forjarse como un campeón y dará laureles al Perú, sino también le permitirá crecer como hombre y ser humano capaz de reconocer el cariño verdadero y desechar el falso e interesado.

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