domingo, 8 de abril de 2007

Apartheid a la peruana

Tres historias de discriminación en el Perú del 2007. Las víctimas son dos peruanos –un músico que volvía de Italia con su familia europea, un sociólogo que le mostraba los Andes a su hija francesa– y una ecuatoriana que llegó invitada y se fue con una enorme decepción.

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DESCARRILADA ACTITUD. Luis Becerra, su esposa italiana Valentina y la hija de ambos. Fueron ‘separados’ por hacer turismo.

Habían llegado una mañana de marzo, envueltos en la fantasía de un viaje esperado. Pero de pronto aquel sueño tanto tiempo acariciado se convirtió en pesadilla. El motivo que eclipsó tanta expectativa era absurdo: ella era europea y blanca. Y él, peruano y cholo.

El cholo en cuestión es el músico peruano Luis Becerra Celis. Hace dieciocho años se fue a Italia. Formó allí su agrupación de danzas latinoamericanas Takillakta del Perú y se casó con la italiana Valentina del Conte (la europea y blanca). Hasta que decidieron venir al Perú para grabar un DVD.

Emocionados, con su hija María Shakira de cuatro años de edad (también italiana), pasearon y filmaron por Lambayeque, Puno, Abancay, Arequipa, Nasca,… hasta que llegaron al Cusco.

Allí, como reviviendo el despreciable apartheid sudafricano, Luis y Valentina fueron obligados a viajar por separado a Machu Picchu.

La niña tuvo que ir con el padre. La familia fue dividida "por orden de la empresa", como les dijo una empleada de PerúRail, la ruta ferroviaria que conduce a la ciudadela perdida de los Incas. Era segregación racial en su rango más alto y abusivo.


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Golpe bajo. Hugo Neira y su hija Marion. Vivieron en carne propia la discriminación, yendo de Cusco a Puno.
Viaje hecho Vía Crucis

Todo ocurrió el 10 de marzo pasado. El músico peruano fue a comprar los pasajes para ir en tren de Cusco a Aguas Calientes. Y en las oficinas de PerúRail ni se inmutaron con la respuesta: "Usted no puede viajar con su esposa en el mismo tren".

"Me dijeron que hay un tren en donde solo van peruanos, con un sistema de subsidio –dice Becerra Celis, a través del hilo telefónico, desde Módena, ciudad italiana donde radica–. Teníamos que pagar 60 soles por persona. Luego, hay otro para extranjeros. Ahí el pasaje cuesta 60 dólares. Mi intención era viajar con mi esposa y mi hija, juntos, pero todo fue un vía crucis".

Primero buscó que su esposa –pagando los 60 dólares– viajara en el tren "en el que solo van los peruanos". "No, pues, eso no se puede", le dijo la empleada.

Después intentó pagar él esos 60 dólares y viajar en el tren "en el que solo van los extranjeros". Pero nada. "Ahí los únicos que viajan son los turistas foráneos", le respondieron.

¿Consecuencia? Si querían ir a Machu Picchu, cada uno en ‘su tren’. El cholo y peruano –con su hija incluida– por un lado; la blanca y extranjera por otro. Y al diablo con la familia, los sentimientos y el anhelo del esperado viaje compartido.

El músico llegó hasta las oficinas de PerúRail. "Me dijeron que así pagara la tarifa más cara no iríamos juntos. Ni porque le pedí comprensión con mi familia", cuenta.

Hubo que seguir adelante. Valentina viajó ‘en su tren’, que sí va directo. Y llegó a Aguas Calientes dos horas antes que su esposo y su hija. El músico y la niña fueron en el otro, que hace un montón de paradas.

"Valentina estaba muy mal por la altura. Ni eso les importó. Y en Aguas Calientes, encima, al estar sola, la Policía la revisó por gusto. Apenas nos vimos en Machu Picchu un par de horas. Ella salió antes, o su tren la dejaba. El de peruanos es un suplicio: asientos duros y rígidos, demasiada gente, mucha de pie a lo largo de casi cinco horas de viaje…, eso también es discriminación pura. Me parecía mentira, pero en mi propio país, al que llegaba luego de varios años, mi familia fue víctima de la segregación. Yo lo sentí de la manera más cruda", añade Becerra Celis.


Peruano maltrata a peruano

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Dirigente indigenista ecuatoriana Rebeca Llasag. “En el María Angola me segregaron por ser indígena”, aseguró desde Quito.

Hugo Neira no quiere ni recordar aquella vez. El actual director de la Biblioteca Nacional también sufrió la discriminación en un viaje por el interior del Perú. "Mi hija y yo fuimos maltratados por los propios peruanos", dice con vehemencia.

Fue en setiembre del año pasado. Marion, de 16 años, hija de su primer matrimonio, regresaba al país luego de vivir en Francia. Su ilusión: conocer el Perú profundo.

Y don Hugo no escatimó gastos. Compró los pasajes más caros en PerúRail en la ruta Cusco-Puno. Ambos debían ir en el cuarto vagón. Sin embargo, por falta de gente, les dijeron que ese vagón no partiría.

"¿Y si vamos en el tercer vagón?", preguntaron ambos con inocencia. "No –les contestaron–, ese ya está lleno". Neira averiguó. Y en el tercer vagón había varios asientos vacíos. Pero solo había turistas extranjeros. Los peruanos –aún con el pasaje más caro en mano– no podían viajar con ellos.

"Todos eran empleados peruanos –agrega–. Mi tesis es que el peruano maltrata a su propio coterráneo. Hice un escándalo de proporciones. Grité a todo el mundo. Los amenacé con serias denuncias. Y recién al final accedieron. ¿Por qué el trato al peruano es distinto?".


El delito de ser indígena

Ella jamás lo imaginó. Creyó que en el Perú el trato sería el mismo que en Ecuador. Sin embargo, Rebeca Llasag, responsable de Comunicaciones de Ecuarunari, organización indígena de Ecuador, se llevó en Lima la impresión más desagradable de su vida.

Había llegado invitada por la ministra de la Mujer y Promoción Social para un congreso sobre la mujer indígena.

El 5 de marzo se hospedó en el Hotel María Angola. Dos días después decidió dejar el hotel. Quería estar más cerca del Museo de la Nación, lugar del evento. Pero cuando canceló lo adeudado y entregó las llaves le dijeron: "Ud. no se puede ir hasta que verifiquemos que nada falta en la habitación. Es una orden".

"Me sorprendí –revela Llasag–. ¿Verificar qué?, le dije. Pasaron diez minutos. Y no me dejaban salir. Como si fuera una ladrona. Solo por un amigo que llegó al hotel, se solucionó el problema. ¿Por qué creen que me discriminaron? ¿Por ser mujer? No, lo hicieron porque soy indígena. Eso dije en mi exposición. He viajado por todo el mundo y nunca me pasó eso. En el Perú hay segregación racial, algo que en Ecuador no ocurre. Es una lástima que aquí subsistan estas prácticas".

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