Carlos Saúl Menem no es el único político al que la infidelidad de su cónyuge ha ungido con el título nobiliario más temido por cualquier mortal: ser 'El rey de los cachudos'. Sin embargo, el patilludo ex presidente argentino debe sentirse consolado. El todopoderoso primer ministro de Canadá, Pierre Elliott Trudeau, era un Menem, pero mucho más educado y con más pinta. Durante unas vacaciones en Tahití, Trudeau conoció a una jovencita de 18 años, Margaret Sinclair, quien era hija de un ex ministro canadiense. El político perdió la cabeza, pues la joven, treinta años menor, ni siquiera lo reconoció, pese a que era el Primer Ministro. Casarse con la joven fue su calvario, pese a tener tres hijos, Margaret Trudeau fue la comidilla de la prensa del espectáculo, pues como lo contaría después en su libro, ella se convirtió en aficionada a sacarle la vuelta a su ocupado y otoñal marido. Según ella, lo engañó nada menos que con Edward Kennedy, cuando el hermano menor del asesinado ex presidente de Estados Unidos estuvo de misión oficial en Ottawa. Pero la peor travesura de Margaret sucedió un par de años antes de separarse de su marido, a fines de la década de los 70. Los Rolling Stones estaban de gira por Canadá, donde Keith Richards fue detenido por la policía al encontrársele cocaína y marihuana. Cuando estaban en la dependencia policial se apareció la esposa del Primer Ministro, a la sazón fanática del grupo, sacó al músico y los llevó a todos a cenar y beber a un exclusivo local. Un paparazzi tomó una fotografía de Margaret libando licor con los rockeros, que tenían cara de haberse 'malogrado' toda la noche. La foto publicada en todos los medios suscitó una crisis de gobierno. ¿Cómo la esposa de un Primer Ministro podía compartir con extranjeros detenidos por ingresar drogas? Pero lo que no sabían los periodistas era que ella se encontraba ahí porque estaba enamorada del bajista del grupo, Ron Wood, a quien sedujo esa noche. Pero la 'joyita' de Margaret se coronó en 1979, cuando su marido estaba en vísperas de una decisiva reelección. A ella se le vio bailando con una minifalda que dejaba ver su trusita negra, en la mítica discoteca 'Studio 54' de Nueva York. Lamentablemente, las fotos publicadas por todos los diarios canadienses hundieron a su esposo. Mucho peor que las de Cecilia Bolocco.
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