Hasta hace unos años, los restaurantes de carnes y pollerías cerraban los jueves y viernes. Estaba prohibido comer carne. Los todopoderosos carniceros preferían no abrir sus puestos en los mercados, mientras que por primera vez los humildes vendedores de pescado los miraban por sobre el hombro, cachacientos ante la demanda. Pero donde uno se daba cuenta que en esos días estaba prohibido reír, cantar o divertirse, era en la radio y la televisión. Las estaciones, hasta las que pasaban música moderna de rock y pop, como 'Miraflores', 'Panamericana', 'Atalaya' y '1160' propalaban ¡música clásica! Otros, sencillamente, cerraban la señal. En la tele, ya era clasico que en los tres canales de mayor audiencia, el padre analizaba 'Las 7 Palabras', el 'Sermón de las 3 horas' y, después, las clásicas películas de Semana Santa. Ningún local nocturno abría sus puertas. Sorprende cuando al encender la radio escuchar como se intercalan salsa, rock, música romántica, reggaeton y ¡¡perreo!! Si el cardenal Juan Landázuri reviviera, le daría un infarto. Francamente que está bien tanta apertura, pero también un poco de respeto por la fecha no le haría mal a esas radios. Y no sólo eso. En el centro de Lima, miles de fieles llegados de todos los rincones de Lima -la mayoría de los conos- inundaban las iglesias y la Plaza de Armas para escuchar el sermón en los parlantes de la Catedral. Pero a la hora que las familias querían comer, atiborraban las pollerías de la avenida Emancipación, donde vendían 'un cuarto de pollo con papa y ensalada' a 3.99 soles. El ciudadano de la calle es pragmático: hacía su penitencia y reafirmaba su fervor religioso, pero no se iba a meter a una cevichería donde los precios estaban por las nubes. Por eso, las pollerías lucían repletas en Lima, ya que los precios eran los más asequibles para la gente que salía a la calle con su familia. Igual en la noche. Locales nocturnos, como 'El Burrito' de Lince o los de 'Larco Mar', estaban como de costumbre. En Asia, las discotecas anunciaban fiestas a partir de la medianoche. Las cantinas también. En las esquinas, los chiquillos chupaban tragos cortos con mayor intensidad por los feriados. Claro, ésos eran los que se quedaron en Lima, porque en el Sur se viven intensos días de 'Semana diabla' en los campamentos. Antes era impensable que las autopistas cambiaran sus rutas y se movilizaran miles de policías, bomberos y serenos, para asegurar que los 'angelitos' que se van de campamento estén protegidos y no tengan problemas. Si el cardenal Landázuri reviviera, repito, se volvería a morir. Pero ésta es la modernidad, que le llaman. Chesssssssssssss....
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